FRANCO sobre la MASONERÍA: “Hay que liberar a España de esta carroña”

Don Francisco: "Desde fines del S.XVIII no ha habido en nuestra nación ninguna REBELIÓN ni conato de TRAICIÓN contra la PATRIA que no se FRAGUASEN a la sombra de las LOGIAS MASÓNICAS"

Por REDACCION
2,3K Visitas 31 minutos Leer
A+A-
REINICIAR

BOE – Núm, 62 BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO Página 1537

JEFATURA DEL ESTADO

LEY DE 1 DE MARZO DE 1940 Sobre ^represión de la masonería y del comunismo.
Acaso ningún factor, entre los muchos que han contribuido a la decadencia de España, influyó tan perniciosamente en la misa  y. frustró con tanta frecuencia las saludables reacciones populares y el heroísmo de nuestras Armas, como las sociedades secretas de todo orden y las
fuerzas internacionales de índole clandestina. Entre las primeras, ocupa el puesto más principal la masonería, y entre las que, sin constituir una sociedad secreta propiamente, se relacionan con la masonería y adoptan sus métodos al margen de la vida social, figuran las múltiples organizaciones subversivas en su mayor parte asimiladas y unificadas por el comunismo.

En la pérdida del imperio colonial español, en la cruenta guerra de la Independencia, en las guerras civiles que asolaron a España durante el pasado siglo, y en las perturbaciones que aceleraron la caída de la Monarquía constitucional y minaron la etapa de la Dictadura, así como en los numerosos crímenes de Estado, se descubre siempre la acción conjunta de la masonería y de las fuerzas anarquizantes movidas a su vez, por ocultos resortes internacionales.

Estos graves daños inferidos a la grandeza y bienestar de la Patria se agudizan durante el postrer decenio y culminan en la terrible campaña atea, materialista, antimilitarista y antiespañola que y se propuso hacer de nuestra España satélite y esclava de la criminal tiranía soviética. Al levantarse en armas el pueblo español contra aquella tiranía, no cejan la masonería y el comunismo en su esfuerzo. Proporcionan armas, simpatías y medios económicos a los opresores de la Patria, difunden, so capa de falso humanitarismo, las más atroces calumnias contra la verdadera España, callan y escuchan Iqs crímenes perpetrados por los rojos, cuando no son cómplices en su ejecución y, valiéndose de toda suerte de ardides y propagandas, demoraron nuestra victoria final y prolongaron el cautiverio de nuestros compatriotas.

Son muy escasas y de reducido alcance las órdenes y disposiciones legales adecuadas para castigar y vencer estas maquinaciones. El Decreto de diecinueve de julio de mil novecientos treinta y cuatro resultó ineficaz por su vaguedad al enunciar el delito o por circunscribirse a un determinado sector.

Sin que por ahora se pretenda establecer la norma definitiva y total sobre esta materia, se hace ya indispensable determinar la calificación jurídica y sanciones que merecen los que todavía secundan la masonería o el comunismo y demás sociedades secretas y organizaciones contrarias al orden social. Con ello, se pone un valladar más firme a los últimos estertores de las fuerzas secretas extranjeras en nuestra Patria y se inicia la condenación social de las organizaciones más perniciosas para la unidad, grandeza y libertad de España. 

Mas en estas disposiciones no se debe olvidar la conducta de los que, habiendo pertenecido ocasionalmente a dichas entidades, reaccionaron a tiempo y rompieron con ellas para entregarse denodadamente al servicio de la Patria,» lavando a veces con sangre heroica los yerros cometidos. Acogiendo tales postulados/ no hacemos sino mantenernos fieles a los principios cristianos y a la generosidad del Movimiento Nacional.

DISPONGO:
Artículo primero.— Constituye figura de delito, castigado conforme a las disposiciones de la presente Ley, el pertenecería la masonería, al comunismo y demás sociedades clandestinas a que se refieren los artículos siguientes. El Gobierno podrá añadir a dichas organizaciones las ramas o núcleos auxiliares que juzgue necesario y aplicarles entonces las mismas disposiciones de esta Ley debidamente adaptadas.

Artículo segundo.— Disueltas las indicadas organizaciones, que quedan prohibidas y fuera de la Ley, sus bienes se declaran confiscados y se entienden puestos a disposición de la jurisdicción de responsabilidades  políticas. .

Artículo tercero.-^-Toda propaganda que exalte los principios o los pretendidos beneficios de la Masonería o del comunismo o siembre ideas disolventes contra la Religión, la Patria y sus instituciones fundamentales y contra la armonía social, será castigada con la supresión de los periódicos o entidades que la patrocinasen e incautación de sus bienes, y con pena de reclusión mayor para el principal o principales culpables, y de reclusión menor para los cooperadores.

Artículo cuarto.— Son masones todos los que han ingresado en la masonería y no han sido expulsados o no se han dado de baja de la misma o no han roto explícitamente- toda relación con ella, y no dejan de serlo aquéllos a quienes la secta ha concedido su autorización, anuencia o conformidad, bajo cualquier forma o expediente, para aparentar alejamiento de la misma. A los efectos de esta Ley se consideran comunistas los, inductores, dirigentes y activos colaboradores* de la tarea o propaganda soviética, trotskistas, anarquistas o similares.

Artículo quinto.— A partir de la publicación de esta Ley, los delitos de masonería y comunismo definidos en el artículo cuarto, serán castigados con la pena de reclusión menor. Si concurriera alguna de las circunstancias agravantes expresadas en el artículo sexto, la pena será de reclusión mayor.

Artículo sexto.— Son circunstancias agravantes dentro de la calificación Vnasónica, el haber obtenido alguno de los grados del dieciocho al treinta y tres, ambos Inclusive, o el haber
tomado parte en las asambleas de la asociación masónica internacional y similares, o en las asambleas nacionales del gran oriente español, de la gran logia española o de otras cualesquiera organizaciones masónicas residentes en España o el haber desempeñado otro cargo o comisión que acredite una especial confianza de la secta hacia la persona que la recibió. Son circunstancias agravantes, dentro del comunismo, el figurar en los cuadros de agitación, en las jefaturas y en los núcleos de enlace con las organizaciones extranjeras y el haber participado activamente en los congresos comunistas nacionales o extranjeros.

Artículo séptimo.—-Quienes en tiempo anterior a la publicación de esta Ley hayan pertenecido a la masonería o al comunismo, en los términos definidos por el artículo cuarto, vienen obligados a formular ante el Gobierno una declaración retractación en el plazo de dos meses y conforme al modelo que las disposiciones reglamentarias establezcan, en la cual se haga constar aquel hecho así como las circunstancias que estimen i pertinentes y, señaladamente, si concurriese alguna de ellas, las determinadas en los artículos sexto y décimo.

Artículo octavo.— Sin perjuicio de la persecución de otros delitos que hubieran cometido las personas comprendidas en el artículo anterior, aquéllas en que no se reconozca alguna excusa absolutaria, quedarán separadas definitivamente de cualquier cargo del Estado, Corporaciones públicas u oficiales, entidades subvencionadas y empresas concesiondrias, gerencias y consejos de administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando o dirección en las mismas, decretándose, además, su inhabilitación perpetua para los referidos empleos y su confinamiento o expulsión. Asimismo, serán sometidos a procedimiento para imposición de sanción económica, conforme a la Ley de nueve de febrero de mil novecientos treinta y nueve. Se considerará circunstancia atenuante el suministrar información o datos interesantes sobre actividades de la secta, sobre los que iniciaron o fueron jefes o compañeros en ella del declarante y, en general, sobre otros extremos que puedan servir con eficacia al propósito de la presente Ley.

Artículo “noveno.— Si no presentasen la declaración retractación a que se refiere el artículo séptimo, dentro del plazo indicado, o facilitasen datos falsos u ocultasen aquellos otros que, conocidos por el interesado, tuviese éste obligación de declarar, quedarán sujetos a las clones previstas en el artículo quinto, sin que puedan beneficiarse de las excusas absolutorias a que se refiere el artículo siguiente.

Artículo décimo.— Sin perjuicio de la obligación de presentar la declaración retractación prevenida en el artículo séptimo, podrán considerarse excusas absolutorias que eximan de las medidas y sanciones del artículo octavo, las siguientes:

a) Haber servido como voluntario desde los primeros momentos en que hubiera sido posible en los frentes de guerra, durante más de un año, ya £n los Ejércitos nacionales, ya en las Milicias, y con cualquier grado, observando, además, conducta ejemplar en todos los órdenes, a juicio de sus jefes, y, en su caso, de sus compañeros de armas. En el caso de que se trate de personal en quien haya concurrido esta circunstancia, con carácter distinto del de voluntario, como profesionales o movilizados, se podrá apreciar la excusa absolutoria si, además, se hubieran distinguido especialmente en el frente a juicio también, de los jefes y de los compañeros de armas, en su caso.

b) Haberse sumado a la preparación o realización del Movimiento Nacional con riesgo grave y perfectamente comprobado. 

c) Haber prestado servicios a la Patria que, por salirse de lo normal, merezcan dicho título de excusa.

Artículo undécimo.— Para decretar las medidas a que se refiere el artículo octavo, así como para apreciar la concurrencia de excusas absolutorias del décimo, cuando se trate de militares profesionales de categoría igual o superior al de oficial de los Ejércitos de Tierra, Mar o Aire, serán competentes los Tribunales de Honor, constituidos y funcionando conforme a las normas de sus respectivos Institutos. Las actas de dichos Tribunales serán elevadas al Consejo Superior del Ejército para su aprobación a los efectos, no sólo de mantener la pureza del procedimiento, sino también la necesaria unidad de criterio en cuanto al fondo, pudiendo por este motivo someter los fallos a revisión de un Tribunal mixto constituido por representaciones de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire. A los fines de este artículo el Consejo Superior del Ejército funcionará ampliado con un representante del de Mar y otro del de Aire.

Artículo duodécimo.—
Cuando se trate de otras personas no comprendidas en el artículo anterior, el decretar las medidas indicadas y apreciar la concurrencia de excusas absolutorias corresponderá a un Tribunal especial presidido por quien libremente designe el Jefe del Estado y constituido, además, por un General del Ejército, un jerarca de Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S. y dos letrados, nombrados todos del mismo modo. No obstante, la apreciación de la concurrencia de las circunstancias prevenidas en los apartados b) y c) del artículo décimo, corresponderá al Consejo de Ministros, a propuesta del Tribunal.

El Tribunal podrá comisionar la instrucción de expedientes y sumarios a los jueces de la jurisdicción ordinaria y a los de Ejército, Marina y Aire que se le adscriban a dicho efecto. Y previa celebración de juicio, con audiencia de un fiscal y del interesado, dictará sentencia. Contra ella podrá interponerse recurso en término de diez días, ante el Consejo de Ministros, por quebrantamiento de forma, error de hecho o injusticia notoria.

Artículo décimotercero.— La persecución de los delitos comprendidos en los artículos tercero, cuarto y noveno de la presente Lese atemperará en todo caso a las normas de competencia y procedimiento señaladas en el artículo duodécimo.

Artículo decimocuarto.— Quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a los artículos que anteceden. Así lo dispongo por la presente Ley, dada en Madrid a primero de marzo de mil novecientos cuarenta.

FRANClSCO FRANCO

Entrada en Burgos 1 octubre 1936

El libro de Franco contra los masones

Bajo el seudónimo de Jakim Boor, el dictador publicó un volumen de artículos sobre una masonería deseosa de destruir España

 

El “cáncer” masón

En otras naciones, como Inglaterra, los masones podían ser hasta patrióticos. No así en España, donde seguían al pie de la letra directrices foráneas, de la misma manera que los comunistas obedecían las consignas de Moscú. Ellos constituían un “cáncer” que corroía la sociedad.

Los masones, según Franco, estaban detrás de las grandes desgracias que habían afligido al país en los doscientos años previos. A ellos se les podía achacar la expulsión de los jesuitas y la pérdida del imperio americano. Tampoco eran ajenos a las turbulencias domésticas del siglo XIX, en el que España se vio inmersa en un sinfín de revoluciones y guerras civiles. ¿El asesinato del general Prim? Otro supuesto fruto de la acción criminal de las logias.

Ya en el siglo XX, su actuación explicaría la caída del líder conservador Antonio Maura, como si el desastre de la Semana Trágica no fuera suficiente razón, y la instauración de la Segunda República, en la que condensarían todos los males imaginables. En aquellos momentos dramáticos, el separatismo vasco y catalán pusieron en peligro la unidad del país. La masonería habría impulsado este proceso de desmembración, detenido in extremis por el alzamiento de julio de 1936.

La masonería sería un enemigo oculto y formidable, capaz de hacer y deshacer a su capricho en todo el mundo por encima de los gobiernos democráticos. La descripción de Boor/Franco sugiere que se trata de un organismo casi omnipotente, a la vista de tantas intervenciones que habrían desviado, en el peor sentido posible, el curso de los acontecimientos. Por ejemplo, al impulsar una campaña internacional contra España tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Nos hallamos, en palabras de Boor/Franco, frente a “un poder internacional secreto mucho más terrible que todos los fascismos habidos y por haber”

La masonería se caracterizaría, en esencia, por su hostilidad tanto a España como a la religión católica. Sus miembros no serían personas honradas, sino seres abyectos, arribistas capaces de vender a cualquiera con tal de obtener un beneficio. Suerte que la parte sana del pueblo no se rendía ante un enemigo tan despiadado.

El autor se presentaba a sí mismo como la voz que iba a desvelar la horrenda realidad a los lectores. Había que desenmascarar a los traidores, sacar a la luz sus manejos tenebrosos. Todo a través de una operación de reescritura del pasado en la que se tendrían en cuenta los hechos que los historiadores liberales pasaban por alto.

Durante el resto de su vida, Franco no se saldrá de este guion. Poco antes de morir, en su último discurso público, insistirá en la misma idea: “Todo obedece a una conspiración masónica izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece”.

Con el inicio de la Transición, los partidarios del dictador asistieron impotentes al hundimiento del régimen. Ansiosos por explicarse a sí mismos lo que estaba sucediendo, echaron mano, una vez más, de la teoría de la conspiración. El cambio político, para ellos, no obedecía a las aspiraciones populares, sino a las turbias maniobras de los líderes demócratas.

La revista ultraderechista Fuerza Nueva, en su número del 9 de octubre de 1976, clamaba contra la evolución hacia lo que denominaba “partitocracia liberal”, lamentándose del fin de un Estado que, a su juicio, había “permitido a los españoles casi cuarenta años de paz y progreso en todos los órdenes, en el respeto a la persona humana”. 

La reforma, desde esta óptica, se llevaba a cabo, contra la voluntad de la gran masa del pueblo, por obra de “masonerías internas y foráneas”.

La teoría complotista                    

Fuente: conversacionsobrehistoria.info

Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias. Las decisiones del parlamento, según repetía insistentemente la prensa de derechas, obedecían a los dictados de la masonería internacional. La idea principal que articulaba la construcción de este discurso procedía del libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Los llamados Sabios de Sión, habían organizado una conspiración judía apoyada por la masonería para destruir el cristianismo e imponer una dictadura mundial. El supuesto “documento” de los Protocolos era, en realidad, una burda manipulación panfletaria creada por los servicios secretos zaristas, en la época del Affaire Dreyfuss (1900-1901) que se extendió por toda Europa tras el triunfo de la Revolución Soviética.

La teoría complotista, inicialmente gozó de un escaso predicamento, pero esta circunstancia desaparece cuando el jesuita Juan Tusquets se convierte en su principal propagandista en España. Su idea de que la Segunda República era un instrumento anti-español en manos del contubernio judeo-masónico-bolchevique fue difundida a través de los artículos que el presbítero escribió en El Correo Catalán y, sobre todo, como consecuencia de una serie muy exitosa de 14 libros; Las Sectas, bajo su dirección. La obra del jesuita, fruto de su proteica pluma, llegó a tener, pese al carácter burdo de sus planteamientos, un gran predicamento entre la derecha. Franco, acérrimo lector de sus textos, devoraba sus diatribas antimasónicas con gran entusiasmo. El conocimiento de Los Protocolos adquirió un gran nivel de divulgación con el gran éxito alcanzado por sus “Orígenes de la revolución española”  La obra, en la que acusaba a la Segunda República de ser “hija de la masonería”, fue un éxito de ventas para la época. Tusquets se refería en su texto a Los Protocolos como una evidencia “documental” demostrativa de que los judíos estaban resueltos a destruir la civilización cristiana. Los masones y los socialistas, serian unos instrumentos en sus manos, encargados de hacer el trabajo sucio por medio de la revolución, las catástrofes económicas, la propaganda impía y pornográfica y un ilimitado liberalismo.

No hubo que esperar mucho tiempo tras la proclamación de la República para que el nuevo régimen democrático fuera presentado como “un régimen masónico antiespañol.” El neurólogo valenciano Albiñana, fundador del Partido Nacionalista Español, primer partido pseudofascista español, aprovechó el tiempo pasado en la Cárcel Modelo de Madrid para escribir en 1931 “Prisionero de la República.” Para Albiñana, que creía a pies juntillas en la tesis de los Protocolos, la quema de conventos del 12 de mayo de 1931 era el resultado de un “compromiso contraído con las logias masónicas de París.” Su obsesión contra La Orden era ilimitada. Los Legionarios de España- “los de la porra”- así era el nombre con el que vulgarmente se conocía a los afiliados a su partido – eran definidos, según sus propias palabras, como: «la única defensa de la independencia española, frente a la conspiración extranjera destructora, decidida por los planes masónicos.” El neurólogo sostenía que la llegada de la República había sido el resultado de una conspiración judía contra España, conspiración que hundía sus raíces en la expulsión de 1492: ”desde entonces su acción semita ha venido influyendo en los desastres españoles. Los judíos se han aliado con toda clase de elementos para perjudicar a España en todos los tiempos. En Flandes se aliaron con los protestantes (…) esparcidos por todo el mundo continuaron su persecución antiespañola, con poderos elementos de difamación y de rapiña. Uno de esos elementos es la masonería”.

Los masones, obedeciendo los dictados judíos habían apoyado a Napoleón en su conquista y destronado a Isabel II. La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas fue consecuencia de una conspiración de las logias, subvencionada por el judaísmo internacional. Los masones financiaron la Escuela Moderna de Ferrer, provocaron la Semana Trágica de Barcelona y la huelga general de 1917. La masonería sionista había logrado terminar con la monarquía alfonsina y conseguido imponer una Dictadura Republicana. No existía acontecimiento ligado al transcurrir de la historia nacional detrás del que no estuviera presente la omnipotente mano del contubernio judeo masónico. La Orden se había infiltrado en la Institución Libre de Enseñanza “para dominar al profesorado y movilizar a los estudiantes.” Las logias habían sido las inspiradoras de la política educativa de los gobiernos republicanos. La interpretación delirante de la historia fue tal, que Albiñana llego a aventurar que el judaísmo internacional, apoyándose en una red de infiltrados en la Internacional Comunista, conseguiría hacer triunfar la revolución comunista en España, y después, según sus propias palabras: “será inmediatamente abolido el decreto de los Reyes Católicos (…) y los judíos entrarían victoriosos en nuestra patria vengándose de su destierro secular.”  

Las órdenes para dirigir las represalias contra los masones fueron muy tempranas. Desde los primeros días de la rebelión a los falangistas se les conminaba para que los persiguieran, incluso en zonas donde apenas existía implantación masónica. El órgano de la falange pamplonesa Arriba España, ordenaba a sus afiliados el 1 de agosto de 1936:

«¡Camarada!: tienes la obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, (…) Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas (…)”

Las noticias sobre los saqueos de logias se complementaban con la publicación de listas de sus miembros, en algunas ocasiones, acompañadas de cartas públicas de retractación. El clima social de fobia antimasónica que se vivió en algunas de las ciudades franquistas de la retaguardia, se ilustra muy bien con lo sucedido en Santa Cruz de Tenerife.

Los escarnios llevados a cabo contra los masones, transformados en espectáculos públicos convocados a través de la prensa, incluían la quema purificadora de objetos rituales y la apertura de logias para ser visitadas por la población. En todas estas persecuciones de los primeros meses de la guerra, hay elementos de una violencia política con manifestaciones purificadoras contra los enemigos de la anti Patria.

La sede de la logia Añaza nº 270 de Santa Cruz de Tenerife, asaltada por militares el 19 de julio de 1936 (durante el asalto fue asesinado el guardatemplo Antonio Ramírez Sanjuan)(foto: nuevomundo88.es)

 

El asalto llevado a cabo contra la principal logia tinerfeña, “Añaza No 270”, el 19 de julio de 1936, nos aproxima al pánico creado durante los primeros días de la rebelión militar. Inmediatamente después de su ocupación por las milicias falangistas se procedió a convertir el antiguo templo en una atracción popular abierta al público; se permitía la visita de la población los sábados por la tarde, previo pago de la módica cantidad de 0’50 pesetas.Tras la incautación militar, el antiguo templo se transformó en cuartel de falange. 

La exhibición en prensa de las represalias no se limitó únicamente a Canarias y Galicia. Otra comunidad masónica muy importante, la andaluza, también se vio sometida a este tipo de prácticas. El Correo de Andalucía del 24 de julio de 1936 hacía un relato del asalto efectuado por un grupo de falangistas a un templo masónico sevillano. La imprenta anexa a la logia fue invadida y sus libros y documentos saqueados. El Boletín Eclesiástico provincial celebraba la quema de mandiles, insignias y objetos masónicos como si de un auto de fe se tratase. La noticia del asalto se completó con la publicación de los nombres de los componentes de la logia saqueada. Días después se sacaba en prensa una carta anónima dirigida al director de “El Correo de Andalucía” pidiendo que continuara haciendo públicas las listas de masones: ” que los conozcamos, que sepamos quienes son los traidores a la patria. A lo mejor los estamos saludando todos los días y compramos en sus establecimientos, cuando deberíamos apartarnos de ellos, como de toda carroña, y aislarlos, por ruines, hasta que se vayan de España.” Diez días más tarde el mismo periódico hacía pública una relación de 71 maestros masones. En los tres meses siguientes llegaron a la redacción numerosas cartas de masones atemorizados que negaban su pertenencia a la orden.

al poco tiempo de haberse producido el pronunciamiento, las obras del sacerdote jesuita Tusquets alcanzasen un gran eco mediático en la España rebelde. Su actividad desplegada como conferenciante en los teatros principales de las ciudades más importantes fue enorme. Sus conferencias antimasónicas repartidas por toda la geografía franquista se reproducían en periódicos y se editaban en folletos de gran tirada. En vista del éxito, la antigua colección de Las Sectas se refundó bajo su dirección en un nuevo producto editorial, con un título acorde con los nuevos vientos de guerra: Ediciones Antisectarias; financiada por el Cuartel General de Franco. En la contraportada de las publicaciones se evidenciaba la intención propagandística de la colección: “propagar estas ediciones es un deber de todo buen español (…) para ir formando la conciencia de la Nación y hacer obra de sólida cultura popular”. La labor editora abarco la publicación de 24 títulos durante los 3 años de guerra, 7 de los cuales se ocupaban directamente de la masonería. La nueva colección se inició en 1936 con una obra escrita por el propio Tusquets; “La Francmasonería, Crimen de lesa patria”, un auténtico superventas editorial para la época, con 300.000 ejemplares vendidos.  Al año siguiente saldrían a la venta, también debidas a su fecunda pluma: “Masonería y sepatismo”, y “La masonería y el obrero.”  También en 1937 se publicaba la obra de José Manuel Ojeda,”Vida política de un grado 33”. En 1938 se publicaban “Historia de la masonería Española”, obra de J.A.Navarro y “La masonería y la pérdida de las colonias” debida a la pluma de Primitivo Ibáñez. El último texto de la colección, que llevaba por título” Masones y pacifistas” mereció en 1940 una respuesta escrita desde su exilio mejicano del Presidente de la República y Gran Maestre del GOE Diego Martínez Barrio: “Comentarios al libro del Padre Tusquets, Masones y pacifistas.”

Logia «Acacia» de La Línea de la Concepción (Cádiz) con sus miembros identificados con nombres y apellidos en una foto que sirvió para su persecución (foto: CDMH de Salamanca)

La masonería había sido la causante de la decadencia histórica y degeneración política de España; había llevado al poder al liberalismo durante la época del reinado de Isabel II, pero también se le imputaba la perdida de las colonias, el triunfo del Frente Popular, la introducción en España del marxismo y el comunismo, el fraccionamiento separatista de la patria y las medidas de política laicista dictadas por el Estado Republicano. En algunas ocasiones los Hijos de la Luz actuarían solos, en otras conjugando sus intereses con el judaísmo internacional, con el marxismo, cuando no con el liberalismo. Tusquets estaba perfectamente informado sobre la falsificación que había dado origen al texto de los Sabios de Sion, y no tuvo ningún inconveniente en reconocerlo públicamente en una conferencia pronunciada en el Teatro Principal de San Sebastián en febrero de 1937: ”podría citar los famosos protocolos de los Sabios de Sión que si no son auténticos, merecen serlo, ya que se han cumplido y se cumplen todas sus predicciones.”  Su cinismo no era separable del convencimiento personal sobre la nula validez histórica del origen documental del contubernio judeo masónico.

No solamente fue su labor de publicista realizada durante la etapa republicana la razón que llevo al padre Tusquets a ocupar un lugar preeminente entre los escritores que después de la rebelión militar continuaron con su labor propagandística a favor de los militares sediciosos. Desde inicios de los años treinta, con la ayuda de Joaquim Grau, Tusquets había compilado diligentemente listas de masones, sirviéndose de la información que le proporcionaba una red a la que llamaba “mis fieles y audaces informadores». Cuando Tusquets se convirtió definitivamente en un colaborador de Franco en Burgos durante la guerra civil, la información acumulada en sus fichas sobre supuestos masones fue fundamental para constituir una parte muy importante de la infraestructura organizativa de los servicios de información encargados de la represión antimasónica: la Sección Judeomasónica del Servicio de Información Militar ( SIM) fue puesta bajo su dirección y la del Comandante Antonio Palau. El material incautado en las logias masónicas, trasladado a Salamanca, se archivaba bajo su supervisión.

Tusquets no fue el único sacerdote jesuita empeñado en esta cruzada antimasónica.  Al suyo habría que añadir los nombres de Fernández Almuzara y el mallorquín Francés Ferrari Billoch para que la nómina estuviese completa. Para Fernández Almuzara, autor de Evangelio de la Nueva España (Valladolid, 1937), la masonería causante de la decadencia histórica de la Nación había de ser incluida entre los “Enemigos de la Nueva España”:

” todo espíritu versado conoce ya la inquina diabólica con que, desde el siglo XVIII, la Francmasonería ha perseguido a nuestra patria(…) a la masonería se le debió el extrañamiento de la Compañía de Jesús en los días de Carlos III y la abolición de los colegios mayores(…) de ella dimanó el criminal intento de sofocar el magnífico Alzamiento Nacional contra los ejércitos napoleónicos(…) La masonería promovió  la rebelión de nuestro imperio colonial(…) De ella, la caída de la Dictadura y las sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos, y las agitaciones comunistas y la labor antipatriótica de las Cortes Constituyentes. De ella, el regionalismo y el separatismo, la Reforma Agraria y el Panislamismo y la alianza en suma, con anarquistas y soviets, encarnación monstruosa de todo lo antinacional y subversivo.”

La actividad publicista del jesuita mallorquín Francesc Ferrari Billoch resultó incansable, superior, incluso, a la de Fernández Almuzara. Varios libros de temática conspirativa salieron de las prensas, procedentes de su incansable mente: “La Masonería al Desnudo, las logias desenmascaradas”(1936), “¡Masones, así es la secta!”(1937), “Las Logias de Palma e Ibiza”(1937), “Entre masones y marxistas, revelación de la masonería femenina”. “Confesiones de un Rosa Cruz, II parte de la Masonería al Desnudo», 1939.

Semejante producción propagandística hizo que el camino preparatorio que llevaba a la represión de los masones, estuviese perfectamente empedrado; el constructo político del masón enemigo de la patria, estaba firmemente asentado entre todas las capas de la sociedad.

_______________________________________

Franco: La masonería es un enemigo que no se
rinde jamás.” Lázaro Cárdenas, los refugiados
españoles y un espía del SIMP en México

Resumen

Este artículo trata del envío de un agente secreto franquista al México de Cárdenas para espiar a los refugiados republicanos españoles. Un Informe del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) de 1939, informa que a partir del mes de octubre de 1939, un agente instalado en la capital mexicana se infiltrará entre la colonia española y los refugiados republicanos para desestabilizar la inmediata campaña electoral y, sobretodo, vigilar el llamado “oro español”, que depositaron Negrín e Indalecio Prieto, con la complicidad del Presidente Cárdenas, en el Banco Nacional de México al huir de España tras la guerra civil española.

Fuente

Alberto Bárcena: «Hubo un ritual masónico en el Valle de los Caídos durante la profanación de la tumba de Franco»

Alberto Barcena, quizá el mayor experto en España en masonería y en la historia del Valle de los Caídos, visita ‘El Quilombo’ de Periodista Digital para presentar el segundo tomo de ‘La pérdida de España’ (Editorial San Román).

Este libro es la continuación de la ‘Historia de España del Tomo I. La pérdida de España’. Si en el primer tomo se presentó la Historia de España como un conflicto entre los dos bandos, fundamentalmente religioso, en este segundo tomo ese conflicto se radicaliza, hasta convertirse en una Guerra Civil, durante la cual se va producir la persecución más cruenta de la Iglesia Católica en sus dos mil años de existencia

Si al final del primer tomo la Masonería hacía su aparición en el escenario historiográfico de España, en este segundo tomo, la Masonería adquiere un protagonismo fundamental en el relato de Alberto Bárcena, especialmente en los períodos de la Segunda República y la España de la Democracia. El autor, gran conocedor de la Masonería y crítico frente a ella, con un estilo libérrimo, cuenta lo que nadie se atreve a narrar.

 «Hubo un ritual masónico en la basílica del Valle de los Caídos durante la profanación de Franco». En su libro, Bárcena habla de una ceremonia masónica celebrada en la basílica el día de la profanación siguiendo el rito Escocés Antiguo y Aceptado, que responde a la necesidad de venganza sobre la persona de Franco por considerarlo asesino de Hirán Abif. Franco no es sino el asesino de ese «conocimiento oculto que ellos transmiten porque son gnósticos».

DEJA UN COMENTARIO

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar Leer Más

Privacy & Cookies Policy
Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?
-
00:00
00:00
Update Required Flash plugin
-
00:00
00:00

Adblock Detectado

Te pedimos por favor, que deshabilites tu Bloqueador de Anuncios para visitar esta web, y de esta forma, nos ayudarás a seguir con nuestra labor informativa gracias a los anuncios. Los anuncios de esta Web no son molestos ni agresivos. Gracias.